Transfiguración A + 2.15.26
Melissa
Campbell-Langdell
All Santos, Oxnard
(Éxodo 24:12–18; Salmo 99 2; San Pedro 1:16–21; San Mateo 17:1–9)
Cuando fui una joven adulta
estudiando en Chile, tuve la oportunidad de asistir a un retiro espiritual muy
especial. Me llenó de una conexión preciosa con Dios. Y hablé con un
seminarista que estaba haciendo ministerio en Santiago y me dijo que yo estaba
en el tiempo encima de la montaña, pero que no iba a durar para siempre. Siempre
tenemos que bajar de la montaña, pero es importante tener momentos así y
recordarlos.
Hoy, Jesús tiene un momento
especial en una montaña. Sabemos que las montañas suelen ser lugares muy
espirituales en la Biblia. No sé si es el aire distinto, pero la revelación
mística no es común en las montañas. Hay otros momentos en las Escrituras en
los que Jesús hace cosas milagrosas, pero muchas veces él parece muy ordinario,
aun cuando hace cosas inusuales. Así que este momento es especial. Los discípulos
ven a Moisés y a Elías al lado de Jesús, y su apariencia cambia. Ahora, yo no
pienso que él se ponga más blanco, solo su ropa. Pero sí brille.
Esta escena me hizo pensar en
una lectura que hicimos del estudio bíblico esta semana, en la que el erudito
Dan McLellan afirma que, en las Escrituras hebreas, Dios tiene un cuerpo y es
un cuerpo brillante (Capítulo 10, The Bible Says So). Así que, por esto,
es importante que Jesús sea tan brillante. Él es el Hijo de Dios, y la luz que
emana de él lo demuestra. Aquí Jesús está acompañado por Moisés, quien
representa la ley judía, y por Elías, quien representa a los profetas; ambos
acompañan para mostrar una nueva manera de vivir la fe judía.
Un comentarista del podcast
Sermon Brainwave para esta semana ha dicho que, antes y después de la Cuaresma,
hay dos visiones de Jesús en una montaña. Una visión, esta de hoy, es la visión
de Jesús glorioso que queremos ver. La otra, en Monte Calvario, es la dura
realidad de lo que Jesús tiene que vivir (y morir) antes de llegar a la gloria
eterna, no solo para él, sino también para todos. Es el mismo Jesús que
nosotros servimos y Él nos acompaña no solo en la montaña, sino hasta la Cruz y
más allá.
Así que, por supuesto, los
discípulos quieren quedarse allí. En la montaña, con este sueño hecho realidad.
Todas las preguntas de todo el tiempo serán contestadas. No solo tenemos a Jesús,
sino también a Moisés y Elías. ¿Qué más necesitamos? Este es el Salvador que
han estado esperando durante muchos años.
Y Dios nos recuerda que debemos
escuchar realmente a Jesús. Porque él está muy claro. Él va a morir. Cosas
malas sí pasarán. La realidad nos va a pegar con fuerza. Pero los que han
recibido esta visión pueden guardársela en sus corazones. Por los momentos,
cuando surgen las dudas. Ellos saben. Sin duda. Que este Jesús, el rabino que
siguen, es el Alfa y la Omega, como cantó Sandra la semana pasada. Él nos lleva
la verdad y une todas las verdades. Seguirlo significa estar dispuestos a
entrar en los valles. En los lugares oscuros.
Joel Chan presentó a los
clérigos del área esta semana sobre cómo podemos estar presentes ante la gente
que está atravesando vicios de manera diferente. Él dijo que es bueno si la
gente puede dejar de abusar de drogas o alcohol, pero que, entre tanto, a veces
hay maneras de estar presentes con las personas que lidian con un vicio que
también deben ser saludables para nosotros. De hecho, las personas con vicios
solo quieren quedarse en la montaña, mantener este “high.” Pero se dan cuenta de
que no se puede quedar allí. Así que, podemos compartir recursos, pero lo más
importante es ser una presencia constante mientras luchen para entender esto,
aun mientras mantengamos las barreras necesarias. Esto es importante porque si
hacemos demasiado para otras personas y hacemos lo que es trabajo de otro,
complicamos más su jornada y la nuestra. Mantenernos en relación nos recuerda a
la gente que no es desechable; son hijos e hijas de Dios. Como somos todos.
Los de nosotros que hemos
sentido la gloria en la cima de la montaña, el amor de Dios y la presencia de
Jesús llevamos esta verdad no solo para nosotros, sino también para los demás.
Para compartirlo con quienes necesitan escuchar sobre el amor de Dios. Lo
llevamos de la montaña hacia los valles, donde hay personas con dolor o que están
lidiando con la aburrida normalidad.
Que todos captemos un vistazo a
esta gloria hoy. Lo necesitamos. Como aire. Porque veremos más valles. Y lo
necesitamos para mantener la esperanza. Y para compartir la esperanza. ¿Cómo
vemos a Jesús de nuevo hoy? Él viene a nosotros y transforma nuestras vidas. No
podemos quedar en la montaña con él, pero la buena noticia es que nos acompaña
adonde queramos ir. No va a parecer en todo tiempo el Dios resplandeciente. A
veces lo veremos en las caras de quienes parecen más necesitados. Tal vez nos sentimos
quebrados a veces también. Pero tenemos una promesa. La promesa de la montaña. Que en su tiempo
todo será restaurado, completado y llenado bajo su luz. El primer libro de San
Juan dice que cuando lo veamos, seremos como él. Él es quien trae las verdades de los profetas
y de la ley del amor. Él es quien nos muestra un nuevo camino. Seremos como él.
Y, finalmente, habrá un camino seguro
para todos, un camino hacia una vida abundante para todos y todas.
Amen.
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