Pascua 3A + Un Dios que dice que si + 4.19.26

 

M. Campbell-Langdell

All Santos, Oxnard

(Hechos 2:14a, 36–41; Salmo 116:1–3, 10–17;1 San Pedro 1:17–23; San Lucas 24:13–35)

Buenos días y bienvenidos a la misa de este tercer domingo de la Pascua. Esta semana yo estaba hablando con unas amigas clérigas y una de ellas estaba pasando por un momento medio bueno y medio difícil. Y dije que lo sentía y que estaría en oración. Ella me replicó: “Dios es bueno.” Y me hizo pensar en lo que dicen en algunas iglesias: si lo conocen, dígalo conmigo: Dios es bueno todo el tiempo.

También me hizo pensar en este poema de la poeta Kaylin Haught:

“Le pregunté a Dios si estaba bien ser melodramática

Y ella dijo que sí

Le pregunté si estaba bien ser chaparra

Y dijo claro que sí

Le pregunté si podía pintarme las uñas o no pintármelas

Y ella me dijo,

M’ija, a veces me dice así,

Dijo que podía hacer exactamente lo que quisiera

Gracias, Dios, dije

¿Y está bien si no hago párrafos en mis cartas?
¡Mi dulce! Dijo Dios

¿Quién sacó eso?

Lo que les digo es que

Sí, sí, sí”

Por Kaylin Haught, traducido por armemon (Reddit)

¿Creen en un Dios que dice que sí? ¿Es decir que Dios no solo es bueno, sino que quiere ser bueno para ustedes? ¿Realmente lo creen? Esto parece, al menos en parte, el tema de nuestro evangelio de hoy. ¿Pueden creer los discípulos que Jesús realmente fue el Mesías? ¿Qué realmente resucitó? Parecen estar decidiendo, aunque muy tristes ni perdidos, o si pueden atreverse a creer lo que dicen las mujeres y los demás discípulos sobre Jesús.

No es difícil de entender. La resurrección no es fácil de creer. Aunque hay alrededor de 2,6 mil millones de cristianos en el mundo, muchos sienten dudas o simplemente no entienden el misterio de la resurrección. Es difícil de comprender. Requiere un salto de fe.

¿Pero no es así la vida? Tal vez no quiero enfocarme tanto en sus creencias específicas sobre la resurrección como en la bondad de Dios.

Entonces, regresando al poema, ¿creen en un Dios que dice que sí? ¿No a las cosas dañinas, sino a su autoexpresión, a la verdad de que están creados bien y como una hermosa reflexión de Dios, tal como son, sin tener que cambiar ni una iota de su ser más profundo que no quieren cambiar? Estoy hablando aquí de su ser interior, no tanto de las cosas en las que están trabajando, tal vez de su enojo o de su juicio sobre los demás (tal vez solo hablo de mí misma). ¿Creen en un Dios que dice que sí?

Si no creen en ese Dios, encuentren un nuevo Dios.

Porque nuestro Dios es un Dios de sí. De sí a la vida, de sí a la posibilidad. Dé si a la conexión.
Esta vida es la de la que San Pedro invita a los presentes a participar cuando los invita a ser bautizados. Ese sí es lo que Dios pide de ellos. Sí a una vida abundante.
Una vida y una relación con Dios.
Escuché algo sobre este pasaje esta semana que me encantó. Margaret Aymer dijo: “Nuestra relación con el Cristo resucitado es una relación de caminatas largas, conversaciones arriesgadas, traumas replanteados y cenas quietas; una relación íntima entre Cristo y la iglesia; de palabras compartidas y pan quebrado.”[1]

Es la verdad, ¿no?
Nuestra relación con Jesús forma parte del largo camino de la vida. Los discípulos en este pasaje están literalmente caminando al lado de Jesús, pero este camino no es solo un momento, sino la vida. Los de nosotros que hacemos senderismo o caminamos sabemos que el caminar es una metáfora de la vida. Durante este caminar, crecemos más cuando estamos dispuestos a participar en pláticas que transforman nuestras mentes y espíritus. Ellos comparten su verdad con Jesús y él no solo entiende el amor, sino que les plantea un reto para comprender la situación de manera más profunda, con base en la tradición judía. Por medio de esto, los traumas, si son de pérdida u otros, están sanados, pero esta misma cosa puede pasar para nosotros si estamos dispuestos a llevar nuestros dolores a Dios y entenderlos de una forma nueva.
Además, hay cenas quietas. Hay hospitalidad que va en dos direcciones. Ellos son los huéspedes y Jesús también. Y es en ese momento, en silencio, cuando se revela Jesús por quien realmente es. ¡Qué asombro! Pero lo hemos sentido también. En una buena cena junta o en la santa comunión, nos sentimos más conectados. Con Jesús y el uno con el otro.

Esto lo hacemos en la iglesia; se dice que este pasaje también lo explica: juntamos, a veces en confusión; Cristo habla a través de las Escrituras; Cristo está revelado en el quebramiento del pan, y los creyentes se mandan al mundo de nuevo para proclamar las buenas nuevas.

Así que este evangelio no solo trata del camino de la vida, sino que también describe lo que hacemos en la iglesia.

Pero el punto de todo esto es: ¿en qué creemos? ¿Creemos en un Dios que dice que sí?
Algo para nuestra atención. Lo que hacen los discípulos cuando termine todo esto. ¿En qué dirección se van? A Jerusalén. Van de regreso para compartir las buenas noticias. Porque aunque era tarde y el camino largo, esta noticia tenía que ser compartida.

Y así seremos. Si creemos en un Dios del sí, podemos estar restaurados para compartir la buena nueva de un Dios del amor con todo el mundo. Porque nuestro Dios, quien dice que sí, quiere una vida abundante para todos mientras caminamos juntos en comunidad.

Amen.

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