Epifanía 1 A + Bautismo del Señor + 1.11.26

 


M. Campbell-Langdell

All Santos, Oxnard

(Isaías 42:1–9; Salmo 29; Hechos 10:34–43; San Mateo 3:13–17)

Hace siete años hice un peregrinaje con Pastora Alene a la Tierra Santa. Y cuando llegamos al río Jordán, estábamos en un tur con un guía judío. Nos habíamos inscrito como turistas normales y llevábamos ropa casual durante el viaje. Al llegar, él declaró que, como no había ningún ministro cristiano ni sacerdote en el autobús, si alguien quisiera bautizarse, tendría que buscar otro grupo al lado del Jordán y pedirle que le bautizara. Pues al escuchar esto, Pastora Alene y yo levantamos las manos y confesamos que somos sacerdotes y que estaríamos dispuestas y felices de bautizar a cualquier persona. No habíamos pedido permiso, pero decidimos pedir perdón al obispo de Jerusalén cuando regresamos al colegio de San Jorge, donde nos estábamos quedando junto a la catedral. Sucedió que tres personas pidieron ser bautizadas y, llegando al río, acercamos a una entrada con escaleras que bajaban al río y yo ayudé mientras que Alene los bautizó. Fue lindo y muy raro porque los peces del río querían comer nuestros pies y nos hicieron cosquillas mientras estábamos bautizando. (No para ir muy allá del tema, pero ¡da un nuevo entendimiento a la canción “Los peces en río”!)” Pero en general fue una experiencia genial y me recordó que el río Jordán es un lugar de asombro, donde ocurren cosas magníficas.

Aquí esta Jesús con Juan al lado del rio, y al inicio Juan no entiende porque Jesús quiere estar bautizado. Él no tiene grandes pecados y el bautismo de Juan es de arrepentimiento. Pero estamos en el tiempo de Epifanía, un tiempo en el que aprendemos más sobre Jesús y sobre nosotros. Y aquí Jesús revela que su liderazgo no es para su bien, sino que actúa en solidaridad con los pecadores, los marginalizados y los más humildes. Los que la sociedad considera malos. Jesús no necesita lavarse de pecados, pero sabe que los demás sí, o al menos se los perciben así, y quiere servir a los más humildes. Esto también declara la lectura de los Hechos de los Apóstoles hoy. Aunque es del linaje del rey David, es un líder servicial. Y él también nos muestra ser líderes serviciales. Tal vez por esto leemos hoy uno de los que ahora llamamos los cantos serviciales de Isaías – aunque entiendo que es problemático pensar en ellos como escrituras sobre Jesús. Pero de todos modos está incluida esta lectura de Isaías para recordarnos que Jesús también nos mostró ser un líder servicial. Nuestro bautismo no se trata de nosotros, pero en las promesas bautismales decimos que vamos a respetar la dignidad de cada ser humano. También decimos que lucharemos por la justicia y la paz. Como cristianos, no existimos por nosotros mismos. Parte de esto es poder perdonar. ¿Podemos perdonar aun a los que hacen cosas pésimas? En semanas como esta es difícil, pero es necesario creer que Dios trae justicia y nuestro trabajo es perdonar y confiar en Dios.

Esto es poderoso y me recuerda un audiolibro que escuché recientemente de Lara Love Hardin, titulado The Many Lives of Mama Love (2023) (en español, “Las varias vidas de la Mama Love”). En este libro, en un momento, la autora dice que la cosa peor que ella hizo fue construir su identidad sobre la peor que había cometido en su vida. Es decir, construir su vida a partir de algo que le dio pena fue lo peor que había hecho. Al inicio yo tenía un problemita con esta idea, porque no me gustó la idea de que ella dijera que esto fuera peor que el daño que hizo a otras personas con sus acciones. Pero más tarde, me di cuenta de que este también es el mensaje de nuestro bautismo.
Justo como al momento de su bautismo, Dios dice de Jesús en la voz que parece venir de la nube, «Éste es mi Hijo amado, a quien he elegido». También somos los hijos e hijas amados de Dios. Y en nuestro bautismo pedimos perdón, pero siempre recordemos que nunca somos la peor cosa que hemos hecho ni la peor que vamos a hacer. Decimos en las promesas que trataremos de no caer en tentación, pero cuando pecamos que vamos a arrepentir a regresar a Dios. Ministra Diocesana de Formación de todas las edades, Missy Morrain, dice que esto es loco. Porque estamos diciendo que vamos a fallar, y está bien. ¡Y está bien! Porque regresamos a Dios. No porque querremos fallar. Sino que, porque sabemos que somos seres humanos y Dios todavía nos ama si somos perfectos o no.

¿Saben cuántas personas necesitan escuchar sobre el amor de Dios? Hay muchas personas a nuestro alrededor, tal vez algunas de ellas que asisten a nuestra iglesia, que están en dolor porque sienten pena. Sienten que no merecen amor por lo que han hecho o por lo que sienten que han hecho. Tal vez su vecino, su compañero de trabajo o una amiga necesita escuchar esta buena nueva. Que no son perfectos, pero son amados. Que son importantes y especiales a Dios y a nosotros como cristianos y que nunca deben ser limitados por la peor cosa que hayan hecho.
El bautismo de Jesús no es solo para él, sino también en solidaridad con todos los pecadores, es decir, con todos nosotros, especialmente con los más penosos entre nosotros. También nuestro bautismo no es solo para nosotros, sino para recordar el amor que Dios tiene por nosotros, pase lo que pase. Y recordando esto, es para compartir la buena nueva del amor de Dios para todos. Encuentra a alguien esta semana que necesite escuchar que Dios lo ama y busca una manera de compartir este amor con esa persona. Puede ser con palabras, o con una acción. Pero que siempre recordemos que este amor, que viene tan libremente a nosotros a través de Jesucristo, es un amor para compartir.

Reconociendo esto, turnamos a nuestros libros de Oración Común para renovar nuestro Pacto Bautismal.

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