Pascua 6 A + 5.10.26 + El paracleto y la resistencia sagrada
M. Campbell-Langdell
All Saints, Oxnard
(Hechos 17:22-31; Salmo 66:7-18; 1 Pedro 3:13-22; Juan 14:15-21)
¡Muy buenos días a todos y a
todas! Hoy, nuestra lectura de la primera epístola de San Pedro, capítulo 3,
empieza así:
“¿Quién podrá hacerles mal, si
ustedes se empeñan siempre en hacer el bien? Pero aun si por actuar con
rectitud han de sufrir, ¡dichosos ustedes! No tengan miedo a nadie, ni se
asusten, sino honren a Cristo como Señor en sus corazones.”
Pues esto es un pasaje muy
lindo, pero también uno que ha hecho mucho daño. Con los años, la gente lo ha
interpretado de buenas maneras, como un recordatorio de mantenerse en la lucha,
pero también se ha usado para reforzar el sufrimiento como algo bueno. Y no
siempre es algo bueno. Depende de la situación si es algo que redime o si solo
es sufrimiento innecesario.
Esta semana, en la conferencia
de los clérigos de la diócesis de Los Ángeles, asistimos a una poderosa
presentación sobre la Resistencia Sagrada en tiempos de injusticia
desenfrenada. Nuestro líder, Francisco García, nos animó a atrevernos, tal como
lo hace este pasaje. De no intimidarnos con los poderes del mundo. De tomar
acción para el cambio.
Guiado por la tradición de la
resistencia no violenta del Dr. Martin Luther King, Jr., nos enseñó que ciertos
tipos de sufrimiento pueden redimir la situación. Es necesario para llevar a
cabo el cambio del sistema. También nos recordó que siempre debemos elegir la
opción del amor y no la del odio. Esto fue bien recibido, pero la parte sobre
el sufrimiento suscitó un debate.
Uno de mis colegas, a quien respeto
mucho, se paró y habló sobre el peligro de enseñar a la gente que necesita
sufrir para lograr una meta, especialmente a la gente vulnerable. Si hay mérito
en el sufrimiento, solo trae redención si lo elegimos como un reto que nos
impulse a un cambio. No debe ser infligido a ninguna persona.
Algunos de ustedes tal vez han
oído hablar de un hombre llamado Jonathan Myrick Daniels. ¡Si no lo conocen, no
es de sorprender, porque murió en los años sesenta! Pero fue un seminarista euroamericano/blanco
y episcopal que estudiaba en el seminario en el que el reverendo Harvey
Guthrie, de bendita memoria, fue el encargado. Él recibió un llamado del
Espíritu para ir al sur y participar en la campaña por el derecho al voto. En
un momento fue arrestado junto con un grupo, y cuando salieron de la cárcel, él
y un sacerdote católico romano fueron con dos jóvenes adultas afroamericanas a
comprar un refresco. Pero un hombre bloqueaba la tiendita y empezaba a disparar
contra una de las jóvenes. Jonathan la empujó para que él recibiera el tiro y
murió. El sacerdote corrió con la otra joven y resultó herido. ¿Sufrieron? Pues
sí. Jonathan también murió. Pero fue algo que él eligió. Hace algunos meses,
durante un servicio vespertino en la capilla de su seminario, había escuchado
la letra del Magnificat de manera distinta y sabía que la Virgen y
nuestro Dios lo habían llamado para hacer su trabajo en el sur.
Nuestros hermanos y hermanas
budistas dicen que en la vida siempre hay sufrimiento. Es importante notar que
el autor de la epístola probablemente sugiere esta verdad. Que en la vida hay
que sufrir, al menos un poco. Así que tenemos una decisión. Podemos sentirnos
amargos y llenos de pena y temor. O podemos actuar con compasión hacia los demás
seres humanos, quienes también sufren. Y podemos encontrar gozo de todos modos.
No, a pesar del dolor de la existencia, como una forma de resistirla fielmente.
Hablando de la resistencia
sagrada, he tenido en mente al Defensor, también conocido como el Paracleto, el
ayudante, la maestra, el consolador. Aquí, en el evangelio, Jesús dice que no
nos dejará solos, sino que enviará el Espíritu para acompañarnos. Esta semana,
en la conferencia de los clérigos, escuchamos que el Espíritu no viene solo
para consolarnos, sino para empoderarnos para hacer el bien. Escuchamos que
cuando seguimos al Espíritu, no siempre vamos adonde esperamos. El Espíritu puede
guiarnos a un lugar incómodo, pero aun así sabemos que allí debemos estar.
Esta semana, al día siguiente
de la conferencia, asistí a una sesión para escuchar a las familias de niños
afroamericanos en las escuelas locales que han recibido palabras y acciones
racistas. Aunque nuestra hija ya es grande, fui en mi rol de miembro de la comunidad
y líder religioso, y también como una persona blanca que quiere mostrar que nos
importa que no haya racismo en nuestra comunidad. No digo esto para recibir su
aplauso, sino porque comparto que siento que solo estaba respondiendo a una
invitación del Espíritu.
Otra feligresa respondió a un
llamado similar esta semana al asistir a la presentación de un candidato a
gobernador. Le pidió que, si fuera elegido, dijera qué haría para cuidar a la
gente vulnerable: a las personas con discapacidad, a las personas inmigrantes y
más. Esto fue fuera de su zona de confort, pero fue importante como respuesta
al llamado del Espíritu.
Así es como el mundo cambiará
para el bien. Cuando respondemos al llamado del Defensor para abogar por los
demás. Cuando respondemos al llamado del Consolador para consolar a los demás.
La filosofía de Martin Luther King, Jr. sostiene que el arco moral del universo
se inclina hacia la justicia. Escuché esta semana que la justicia es el amor
hecho público. ¿Cómo mostramos nuestro amor al mundo?
Finalmente, hoy es un día dedicado
al amor. Celebramos el amor de las madres y las figuras maternas en nuestras
vidas. Perdonamos donde han fallado y extrañamos a las madres que están en la
presencia de Dios. También lloramos con quienes han perdido a sus hijos o con quienes
querían tener sus propios hijos. Levantamos a todos los padres y madres
“bonus”, los que son padres y madres, todas las tías, tíos gays y todos los
miembros que cuiden en nuestros varios círculos de comunidad.
Si la justicia es el amor en público,
añado que la declaración del amor en público es una de las cosas mejores que
podemos hacer para resistir en este momento de división y dolor. Entonces
celebramos con Salvador y Melissa Moreno-Salas en esta, mientras piden la
bendición de Dios sobre sus matrimonios. ¡Sabemos que la vida no va a ser sin
sufrimiento, pero ustedes han encontrado gozo juntos y por esto demos las
gracias a Dios!
¡Pedimos que Dios los bendiga
con muchos años de amor, la habilidad de vivir juntos en paz y la fortaleza
para aliviar el sufrimiento el uno del otro y elevar el gozo propio y el gozo
familiar!
Que amemos el uno al otro como
Cristo nos ha amado y regocijamos con los que regocijan, aun mientras intentamos
aliviar el sufrimiento del mundo.
Amen.

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